Shopping and fucking (Teatro)

La cruda realidad

 

De Mark Ravenhill. Traducción: Rafael Spregelburd. Con Lucas Lagré, María Milessi, Luciano Ricio, Daniel Toppino y Alfredo Urquiza. Actuación en video: Mathias Sassone y Mariano Stolkiner. Diseño de vestuario: Merlina Molina Castaño. Diseño de escenografía y de espacio: Santiago Badillo. Diseño de luces: Julio López. Diseño sonoro: Fernando Sayago. Video: Santiago Badillo y Mariano Stolkiner. Música original: Fernando Sayago. Asistencia de dirección: Julieta Cajg y Mathias Sassone. Producción ejecutiva: Bárbara Rapoport. Dirección: Mariano Stolkiner.
Teatro El Extranjero. Valentín Gómez 3378. Viernes, 21 hs.
Lo crudo, lo que ponemos debajo de la alfombra porque no lo queremos ver –vaya uno a saber porqué-, es lo que saca Mark Ravenhill, en “Shopping and fucking”, estrenada en Buenos Aires, bajo la dirección de Mariano Stolkiner.

Desde los primeros instantes, se aprecia hacia donde va una puesta fuerte, tanto en sus palabras como en su puesta, que no se priva de mostrar todo un mundo viviente pero oculto a las pacatas buenas costumbres de lo que dicen ser “una sociedad civilizada”. Este lado B, de la modernidad tan mentada, se plasma a través de una historia que combina con sabiduría la visceralidad y la poética en dosis similares pero sin caer en ningún cliché o lugar común. Por el contrario, sube la apuesta con respecto a lo que es un teatro que toma por asalto al espectador y lo lleva –lo empuja- a una realidad posible. Ésta, lo cual es más perturbadora, sería inclusiva a un ghetto particularmente bien considerado, como si fuera un club de acceso exclusivo y de cierto status, como la clase media o quienes esperan el último número para subirse a la misma. Y en esta cola habrá gente joven y de mayor edad, con deseos (in) cumplidos y/o buscadores de sus propios destinos que no responden a lo establecido.

A todo esto, es necesario recordar que Ravenhill formó parte del grupo de teatro británico, “In yer face”, junto con Sarah Kane y que plasmó con un realismo cruel lo que fue la década del 90 en la que los valores personales y sociales llegaron a un nivel cloacal de respeto por el individuo. Quizás por eso, y la consecuente apertura a las numerosas lecturas posibles, el texto impacte tanto al espectador. Desde el momento que hay un matrimonio que convive con un hombre mayor con el que tendría relaciones el marido de la pareja, ubica lo “out” como “in” pero no desde el lugar de “que loco que somos” sino como planteo de decadencias varias que incluyen la promiscuidad, el alcohol y las drogas, como vías de escape a una marcación social estricta, dura y culposa. Pero aquí, el marco avalaría relaciones en las que no importa la traición, el amor, la fidelidad sino la continuidad en el largo y sinuoso camino de la vida –cueste lo que cueste-, dejando sobre el candelero, cuestiones que pedirían la reivindicación o no de la persona y lo que cuesta salir de ese laberinto social.  
El dibujo de los personajes es excelente, bordeando lo corrosivo y lo ponzoñosamente irónico, perturbando a cada momento a través de cuestionamientos que van desde el sistema capitalista hasta la conformación identitaria del individuo por su propia alienación, narcotizadora de deseos, como si fueran anteojeras de un caballo con un destino ya establecido. Repetición y reproducción de un modelo que no es favorable a través de la consumación y/o consumo, teniendo al gran dios Dinero como fuente de toda riqueza y/o sabiduría.
Las actuaciones son potentes y fuertes, exactas para cada momento que se requiere, en la que los excesos están al servicio de la obra, para enriquecerla.
“Shopping and fucking” molesta, perturba, te hace sacar los ojos del escenario asi como reflexionar y ponerte en lugares personales que, quizás, nunca pensaste. Esta es una de las tantas virtudes, que tiene esta experiencia teatral.

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