Recitales: Daniel Melero en Sala Siranush


Noche de jueves en la que el otoño le ha ganado un par de días al verano. A pesar de un molesto resfrío, partimos hacia la Sala Siranush para presenciar el recital de Daniel Melero quien estará presentando “Cuadros”. Este trabajo de Melero es una caja de cuatro discos en una retrospectiva de su propia obra, concentrándose en la producción de los 90. Los discos que se tomaron fueron “Cámara”, “Rocío”, “Piano” y “Tecno”.

La Siranush estaba completa, constituyen un marco ideal para que Melero despliegue su arsenal sónico.  

A eso de las 22.08, hace su aparición Melero en el escenario. Ataviado de negro, toma con tranquilidad el centro y empieza un show disfrutable de principio a fín. Melero es de esos artistas curiosos e inquietos, que se aburren de los formatos en que tanto periodistas como fans, se encargan de encasillarlo. De esta manera, desfilarán 20 canciones en las que los arreglos diversos hacen que cada recital sea diferente uno del otro.

Melero abrió el show con “Amor difícil”, lo cual no es extraño porque es el primer tema del primer disco (“Cámara”) que forma parte de la edición de la caja. La banda de Melero estuvo conformada para la ocasión por Silvina Costa en batería, Tomás Barry en guitarra y teclados, Felix Cristiani en bajo, Guillermo Rodríguez en guitarra y Yuliano Acri en sintetizador. A lo largo del show, los teclados y sintetizadores serán encargados de sostener todo el sonido de Melero, con el bajo dibujando melodías y la guitarra marcando el ritmo con solvencia al tiempo que la batería mantenía la corrección aunque sin mayor vuelo.

Para el segundo tema, suena  el clásico de los Encargados, “Sangre en el volcán”, con el cual, a más de uno viajó a esos 80 en los cuales la banda de Melero se constituía en una referencia absoluta, a partir de su disco “Silencio”. Lo mismo ocurrirá con “Líneas”, y el pop en su máxima expresión, con un sonido que se mantiene fresco al día de hoy.

De buen talante y con buen humor, Daniel Melero se comunico con el público a través de la música y no de diálogos entre canción y canción, agradeciendo si, el cariño y la devoción de quienes llenamos el recinto de la comunidad armenia.

Tras “La sed”, un gran tema de su disco Travesti, Melero tocará dos temas seguidos de “Tecno”, como “Palabras” –con cierto toque sinfónico- y “Deseo”. Justamente, de Travesti, sonaran temas como “Amazona” o “Nena mia”. De “Rocío”, el tema elegido es “Descansa en mis brazos”, donde el clima del tema se ajusta al lugar, logrando uno de los mejores momentos del recital.

Hubo momentos más emotivos en los que Melero se quedó solo, con el sonido de piano de fondo, para interpretar canciones de manera más cercana a un crooner. Tal fue el caso de “Quiero estar entre tus cosas”, “Resfriada” (con Melero diciendo al final, “y Laura va”, de neto corte spinetteano) o la excelente “Tratame suavemente” que lo acercaba a una especie de Tom Waits nasal asi como emotivo y sensible.  

Con “El mundo será nuevo”, un sonido más beatle inunda la sala mientras que “No dejes que llueva” logra ese movimiento de cabezas (y no el sentido de Roberto Giordano) que implica una mezcla de alegría, satisfacción y recuerdo. “Ocasiones” y “Encarnación” suenan al tiempo que un público atento sigue el show con esa pasión que surge del escuchar buena música pero sin caer en estridencias, sino más cercano a la sutileza del oído satisfecho.

Suena “La forma del deseo” y el show encara su última curva. Como no podía ser de otra manera, su elogiado CD “Supernatural”, dijo presente para cerrar el show, con “Luz” y “Por el Río”, dos excelentes temas que cierran el recital.

Para los bises, la mencionada “Resfriada” y “Sagrado Corazón”, otro clásico de la prolífica discografía de Melero, cierra un show en el que, como en otros tiempos, termina de a poco, con los músicos dejando sus instrumentos de a uno y que el último, apague la luz.

Daniel Melero es de esos músicos intrigantes al que se lo va a ver con la sana idea de no saber qué va a presentar. Melero hace camino al andar, o mejor dicho, tocar. Por este mismo motivo es una cita obligatoria para quienes desean oír a artistas comprometidos con su carrera y hacen su propio camino, más allá de lo que dicte el mercado.

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